Los mitos del amor romántico
Los mitos son creencias compartidas por gran parte de la
sociedad que no están comprobadas ni validadas, pero las interiorizamos de tal
forma que las tomamos como verdades absolutas. Los mitos del amor romántico han
sido alimentados durante generaciones por las películas, novelas, canciones y
la sabiduría popular y suelen llevar a sentimientos de decepción, frustración y
tristeza.
Mito de la media naranja
Es la creencia de que nacemos con una pareja predestinada,
nuestra otra mitad, con la que finalmente nos sentiremos completos y seremos
felices. Así nos creamos falsas expectativas y podemos pasar la vida buscando a
esa persona perfecta dejando pasar a individuos reales con los que podríamos
ser muy felices. Además, olvida que tener pareja no es el fin último de nuestra
vida y que nuestra felicidad depende solamente de nosotros.
Mito de los celos
Si estás enamorado debes sentir celos. Esta idea normaliza
sentimientos de posesividad y actitudes de control sobre nuestra pareja, porque
es lo que “debes” hacer si estás enamorado de verdad. El sentimiento de celos
proviene de pensamientos disfuncionales y la persona celosa es la única que
tiene el poder para cambiarlos y aliviarlos. Se puede y se debe amar sin celos.
Mito del amor eterno
Proviene del de la media naranja. Una vez que hemos
encontrado a nuestra otra mitad, ese amor es para siempre y moriremos abrazados
con 100 años. El individuo evoluciona y, como él, cambian sus necesidades y
deseos por lo que es natural que la pareja que le hizo feliz en una etapa de su
vida ya no lo haga 20 años después. No es más amor el que más dura.
Mito de la omnipotencia
El amor todo lo puede. Esa idea de incondicionalidad hacia
el ser amado deriva en auténticas experiencias de sacrificio. En realidad hay
personas que no se benefician para nada de estar juntas y por mucho que se
quieran no son felices así. Y no pasa nada, no es necesario aferrarse a la idea
de que el amor debería poder con todo eso y finalmente todo se resolverá. No es
cierto.
Mito de la unidad
La fusión con el ser amado como si fuesen solo una persona
es una idea recurrente cuando hablamos de amor. Individuos que al formar parte
de una pareja dejan de serlo para perder totalmente su identidad como muestra
de su cariño. De hecho, las relaciones que mejor funcionan son en las que cada
uno guarda su parcela de vida, sus aficiones y experiencias. Eso es lo que
enriquece a la pareja.
Mito del amor y el desamor
Los primeros momentos de enamoramiento están llenos de
pasión y euforia, pero todo esto es gracias a la acción de las hormonas
segregadas por nuestro cerebro. Hay personas obsesionadas con mantener siempre
la sensación de esos primeros momentos y para ello cambian de pareja
continuamente. Cuando esa descarga hormonal pasa (unos meses después), nos
encontramos con la persona real y ahí es cuando aparece el amor de verdad, en
el que conscientemente elegimos a nuestra pareja.
Mito de la exclusividad
La monogamia es un valor totalmente cultural. No somos
monógamos por naturaleza ni es algo que llevemos en la sangre. Ser una pareja
con exclusividad depende solamente del acuerdo al que lleguen ambos miembros.
Si decidieran establecer una relación abierta no se querrían menos ni su amor
tendría menos valor en modo alguno.
Mito de las discusiones
Tanto si pensamos que discutir es lo peor que le puede pasar
a una pareja como si creemos que es sano para la relación podríamos estar
equivocados. La clave está en la forma y el objetivo último de la discusión.
Estar en desacuerdo es totalmente normal y si podemos exponer nuestros
argumentos y escuchar los del otro para, si es necesario, llegar a un acuerdo,
entonces tenemos una capacidad para discutir que enriquece la relación. Si cada
discusión se basa en gritos, insultos y termina en un enfado monumental es algo
inútil y dañino.
Mito de los polos opuestos
Los polos opuestos se atraen. El conocer a una persona con
experiencias y personalidad completamente opuesta a la nuestra puede atraernos
en un primer momento por ser algo nuevo pero está comprobado que, a la hora de
establecer una relación, funcionan mejor las parejas que tienen más cosas en
común: nivel cultural, aficiones, ideas políticas, gustos, etc.
Mito del matrimonio
Casi todas las películas de amor terminan con una boda y/o
un bebé, como si el matrimonio fuese el fin último de todas las parejas y el
símbolo culmen del amor. Puede serlo para algunas personas pero ni mucho menos
es algo general y ni el matrimonio ni los hijos son necesarios para una
relación feliz y completa.

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