Piensa en una
prenda de ropa, ¿Cómo sería si la quisieras hacer masculina? ¿Cómo sería si la
quisieras hacer femenina?
Si las harías iguales, perfecto. Ahora piensa, para la
sociedad, ¿cómo tendrían que ser para
encajar en esas dos características? Si la seguirías haciendo igual,
quisiera saber encarecidamente dónde vives.
Ponle esa ropa que has imaginado caracterizada cómo
masculina a una mujer. ¿Cómo queda?
Sexy, elegante, formal, seria…
Ponle esa ropa caracterizada como femenina a un hombre.
Ahora, ¿Cómo le queda? Raro, haciendo
el ridículo, no le queda bien, como mínimo, llamativo. Habrá quien guste, a
quien no, pero la atención la va a llamar.
¿Qué es lo que pasa?
Los rasgos masculinos, son masculinos, y por ende
socialmente caracterizados como poderosos, símbolo de fuerza, admiración. Los
rasgos femeninos, todo lo contrario. Si bien un hombre, el cual tiene un estatus
social de privilegio por el hecho de ser hombre, rechaza, por decirlo de alguna
manera, ese privilegio y osa adoptar conductas asociadas a la debilidad, a lo
femenino, es juzgado por la sociedad. Por lo que es objeto de burla o rechazo.
Es lo que se conoce como “tener pluma”
y este rechazo es bautizado como plumofobia.
Cuando entendamos que la masculinidad no es
patrimonio del hombre, ni la feminidad de la mujer, y que estos roles son
independientes del sexo, son independientes de la orientación sexual, podremos
disfrutar libremente, podremos deconstruir el gusto.
“No me gustan las
locas”, “no es necesario que sea tan exagerado” “va mejor depilado que mi
amiga” “es gay y no lo sabe” y una largo etcétera. Se sigue entendiendo que
las mujeres son las únicas con el permiso de ser femeninas, son las únicas que
pueden serlo. Los hombres heterosexuales, rechazan en su gran mayoría este
aspecto de su personalidad, solo se les “permite”
visibilizar este en la esfera gay, entiéndase esfera como espacio de seguridad
donde están entre iguales en este sentido de aflorar lo femenino. Pero no
siempre es así, y es que ser gay no es sinónimo de feminidad, ya que la
orientación sexual es diferente a la expresión de género, y es por este motivo
por el que en ocasiones, hombres homosexuales se avergüenzan de expresarse
libremente, de forma socialmente caracterizada como femenina, ya que aún en
este ámbito tratan de no serlo para ser bien recibidos porque hombre, es igual
a masculino.
Cuando entendamos que la masculinidad no es patrimonio del
hombre, ni la feminidad de la mujer, y que estos roles son independientes del
sexo, son independientes de la orientación sexual, podremos disfrutar
libremente, podremos deconstruir el gusto. Esta pulumofobia, es el resultado de
como la heterosexualidad nos ha criado.
Por eso es tan importante visibilizar que se te note lo loca
que eres, lo emocional, lo bien que te mueves, lo mucho que te cuidas, lo
femenino que eres, y que no tengas miedo a mostrarte, a ser quién eres.

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