Hayden (cambiamos el nombre por razones que pronto serán muy
obvias) tiene 18 años de edad y nunca podrá olvidar el momento en que se dio
cuenta que era necrófila. Tenía 14 años de edad y asistió al funeral de una
amiga cercana. Ese día fue la primera vez que tuvo contacto con un cadáver.
"Pasaron horas y yo aún sentía lo frío de su piel en
mi mano. Me preguntaba cómo sería sostener su mano para siempre. Estaba tan
fría y sus ojos estaban tan abiertos, tan blancos y sin vida", dijo
Hayden.
"Recuerdo cómo la luz se reflejaba en su rostro y
parecía que estaba dormida pero sus ojos estaban abiertos y sin vida",
continuó. "Podía perderme en ellos. Quería pasar mis dedos por su
cabello, tomar sus manos y dejar de mi piel se fundiera con la suya para sentir
su cuerpo para siempre. Pero todo fue muy rápido".
Cada que Hayden recordaba la experiencia, sentí rabia o
culpa. Y cuando trababa de hablar sobre lo que sentía con alguien más, la gente
era muy poco comprensiva.
Las prohibiciones contra la necrofilia han existido desde
que los humanos trataron de codificar el comportamiento social correcto, o
mínimo se han creado fuertes tabús en contra de la práctica. Sin embargo, a
pesar de ser tabú, la necrofilia ha desempeñado un papel muy importante en la
imaginación de la sociedad. Tomemos como ejemplo el caso de Aquiles, quien
supuestamente cometió un acto de necrofilia con la reina amazona Pentesilea
después de matarla. O Herodes el grande, quien supuestamente preservó el
cadáver de su segunda esposa (aunque tenía diez) en miel y tuvo sexo con ella
hasta siete años después de su muerte. Algunos intelectuales creen que Carlomagno
cometía actos de necrofilia con frecuencia. Y si quieren ejemplos más modernos,
La bella durmiente también tiene alusiones muy fuertes de necrofilia.
Tal vez la prevalencia de estas tendencias necrófilas —ya
sea en fantasías o en la realidad— sea lo que justifica la creación de leyes
explicitas en contra de la necrofilia. Quizá la necrofilia sea más común de lo
que nos gusta reconocer. Después de todo, la muerte y el sexo siempre han
estado relacionados, hasta el idioma (en francés, la petite mort o "la
muerte pequeña" es sinónimo de un orgasmo sexual).
El primer uso moderno del término necrofilia se puede
rastrear hasta el psicólogo belga Joseph Guislain, quien acuñó el término en
una conferencia en 1850. Lo utilizó para referirse al necrófilo francés
François Bertrand, a quien acababan de encarcelar por exhumar y mutilar
cadáveres en cementerios parisinos. Pero el termino se volvió popular hasta que
Richard von Krafft-Ebing lo utilizó en Psychopathia Sexualis, una obra
innovadora en el campo de la siquiatría.
No obstante, la necrofilia sigue siendo un área poco
estudiada por la comunidad siquiátrica en parte porque es muy rara y muy tabú
para investigar con rigurosidad. De hecho, el Manual diagnóstico y estadístico
de los trastornos mentales, el texto de referencia para los diagnósticos
siquiátricos, no incluyó la necrofilia en su lista hasta que salió su quinta y
más reciente edición en 2013. (En las ediciones anteriores, la necrofilia
estaba dentro de "Parafilias no especificadas").
En 2009, Anil Aggrawal, un profesor de medicina forense en
la Universidad de medicina Maulana Azad Medical College en Nueva Dehli, propuso
un nuevo sistema de clasificación para la necrofilia, a la que describió como "una
de las practicas más extrañas y asquerosas de sensualidad perversa y
anormal". Su sistema de diez clasificaciones es por mucho el enfoque
con más matices hasta la fecha y lo describe con más profundidad en su libro
Necrofilia: aspectos forenses y médico legales, el estudio más detallado sobre
el tema.
"El obstáculo principal [al estudiar la necrofilia]
es la falta de textos y de casos", explicó Aggrawal. "Aunque
lo intenté, no puedo decir que haya superado estos obstáculos".
A diferencia de los esfuerzos anteriores para clasificar la
necrofilia, como el estudio de 1989 realizado por Jonathan Rosman y Phillip
Resnick, en donde dividían a la necrofilia en dos grupos —"la
necrofilia genuina" y la "seudonecrofilia"—, Aggrawal
descubrió que existe un espectro mucho más amplio de tendencias necrófilas.
Aggrawal se basó en decenas de estudios de casos en todo el mundo para crear su
sistema que va desde fantasías sexuales hasta actos extremos de necrosadismo.
Lo más soso del espectro es la Clasificación I, donde están
incluidos los que gustan de los juegos de rol, los "necrófilos
románticos" y los que sus perversiones que generalmente asociamos con
la necrofilia no implican ninguna violación de la ley. A estas personas les
prende que su pareja viva finja estar muerta, participar en juegos de rol que tengan
que ver con revivir a su pareja con sexo o fingir que son vampiros. La
Clasificación II incluye a los necrófilos románticos que no pueden aceptar la
pérdida de su amado, como la viuda que durmió junto al cadáver de su esposo en
descomposición por casi un año.
La Clasificación III incluye a aquellos que se excitan por
sus fantasías con los muertos y que algunas de sus actividades van desde
asistir a funerales o cementerios hasta tener sexo en presencia de un ataúd o
tener sensaciones eróticas después de ver imágenes de cadáveres.
Más allá se encuentra el mundo de la necrofilia en el
sentido tradicional, es decir, las personas que tienen actos sexuales con los
muertos. Como se especifica en el esquema de clasificación de Aggrawal, hay
muchas formas de lograr esto. Por ejemplo, están los que se excitan por tocar
un cadáver (Clasificación IV), los que mutilan cadáveres mientras se masturban
(Clasificación VI) o los necrófilos homicidas, que están tan desesperados por
tener sexo con un cadáver que son capaces de asesinar para lograrlo.
Según lo que ha escrito Aggrawal sobre el tema, no solo es posible,
sino que es muy común que los necrófilos avancen de clasificación con el
tiempo. En su libro cita varios casos de personas que han tenido fantasías
necrofilia y que han conseguido empleos para estar en contacto constante con
cadáveres para poder cumplir sus fantasías.
No cabe duda. Hayden dijo que algún día planea entrar a un
campo que le permita estar con cadáveres constantemente. "Sé que no
puedo consumar mi deseo, al menos no sin que me descubran o me
encarcelen", dijo. También explicó que no le preocupa que sus
fantasías se tornen en realidades nefastas. Para él, "tocar es más que
suficiente".
"A la mayoría no le gusta la idea de que alguien
manosee su cadáver y menos que tenga sexo con él. A mí me da risa, digo, de
todas formas, ya no lo necesitan", dijo. "En mi opinión, la
magnitud del problema no es tan grande como lo hacen ver. Los medios y los
tribunales son los que crean el escándalo".
Stoya lee 'Necrophilia Variations' de Supervert hasta que
tiene un orgasmo.
Carla Valentine es técnica mortuoria, la fundadora de Dead
Meet, una red social para los profesionales de la industria mortuoria que
también sirve para buscar pareja, y curadora del Museo de patología de Bart.
Lógicamente, Carla pasa mucho tiempo hablando con la gente sobre el fin de los
fines. Valentine espera que su esfuerzo haga que por fin la gente sea más
abierta para hablar sobre la muerte en vez de sentir asco al tocar el tema.
Parte de lo que hace es "volver a la necrofilia más accesible".
"Con 'volver más accesible a la necrofilia' me
refiero a verla con objetividad y motivar a los demás para que hagan lo
mismo", explicó Valentine. "La gente no se impresiona tanto
con los casos de tortura o asesinato de humanos vivos como con la idea de que
alguien sea capaz de sentirse atraído o tenga un encuentro sexual o íntimo con
los muertos. Si pláticas sobre un asesinato violento, todos quieren participar
en la conversación; menciona la necrofilia y todos le callan".
Aunque Valentine no se identifica como necrófila y no siente
atracción sexual por los muertos, sus escritos muestran una fascinación con la
intersección entre el sexo y la muerte, en especial por cómo se manifiesta en
la cultura popular. Una parte significativa de la investigación de Valentine se
trata de analizar cómo se originan y evolucionan las actitudes culturales hacia
la muerte y, por lo tanto, una de las preguntas más importantes que explora es
por qué la gente dice estar tan impactada por el concepto de necrofilia pero
corre a ver todas sus representaciones en la cultura popular —sobre todo en
adaptaciones a las que ella llama "neo necrofilia", o
relaciones con los muertos vivientes, como en Crepúsculo—.
"¿Qué tiene de aberrante la muerte y los muertos
como para que —al menos en el mundo occidental— no podamos aceptar la noción de
intimidad con restos humanos?", preguntó. "Le he preguntado a
muchas personas por qué creen que es un tabú y me han respondido:
'Honestamente, me imagino torturando a alguien y obligarlo a ser mi esclavo
sexual pero no me imagino teniendo sexo con un cadáver'. ¿Qué pedo con
eso?"
Solo en la cultura alternativa podemos encontrar obras como
las películas Nekromantik de Jörg Buttgereit o el libro Necrophilia Variations
de Supervert, dos testimonios de atracción por la representación de
perversiones sexuales macabras. Sobre todo, la segunda, ya que es una colección
de historias que parecen sacadas de la clasificación de necrofilia que inventó
Aggrawal pero re imaginadas por Bataille o el Marqués de Sade.
También hay industrias que idealizan la muerte y crean
objetos que van desde perfumes "con aroma a funeraria",
juguetes sexuales de vampiros y flores que parecen penes y huelen a carne
pufrefacta. Tal vez esto parezca una serie de regalitos curiosos para góticos,
pero para Hayden, estos objetos son perfectos para su fetiche.
"La industria de los fetiches satisface las
necesidades de todos, sólo hay que saber dónde buscar", dijo. "Hay
un mercado decente para objetos relacionados con la necrofilia. [Pero] en
definitiva no son de los objetos más raros que existen".
Hayden dijo que hasta ahora ha satisfecho sus necesidades
necrófilas por otros medios, como escribiendo poesía o ficción basada en sus
fantasías. Cuando eso no es suficiente, siempre está el internet, en especial
la Deep Web, donde hay cientos de sitios para gente que tiene los mismos
gustos.
"Encontré una página dedicada exclusivamente a
imágenes de cadáveres bien vestidos en sus ataúdes", dijo. "Es
mi escape cuando no puedo ordenar mis pensamientos".
Sin embargo, la pregunta es si esta es una forma saludable
de hacer que los necrófilos se desahoguen o si solo empeora o intensifica el
deseo de interactuar sexualmente con un cadáver de verdad.
"La necrofilia puede avanzar de la clasificación I a
cualquiera de las que siguen, así que es posible que las industrias que
satisfacen las necesidades de los necrófilos estén avivando ese habito",
dijo Aggrawal. "En mi opinión, la mejor forma de combatir los impulsos
necrófilos es contactar a un siquiatra o a un sicoterapeuta. Existen muchas
estrategias que se pueden usar para ayudarlos".
Al principio, el terapeuta de Hayden le sugirió ir a un
grupo de ayuda para varias expresiones, pero Hayden dijo que lo único que hizo
fue empeorar la ansiedad y la incomodidad que sentía por sus deseos y por eso
dejó de ir. El apoyo más valioso para lidiar con sus deseos tabú, agregó, ha
sido su novia.
"Me lee todos los poemas y las historias de
necrofilia que escribo e incluso me manda canciones o textos que encuentra y
que tratan sobre ese tema", señaló. "Siempre me dice que es
normal, que la gente tiene muchos gustos y que da la casualidad que a mí me
gustan los cadáveres".
En la sección de necrofilia en Psychopathia Sexualis,
Krafft-Ebing escribe que si una mente sana es capaz de demostrar tendencias
necrófilas es una pregunta abierta que se necesita más investigación. A más de
150 años de su publicación, parece que la comunidad siquiátrica ya declaró esta
pregunta como resuelta, y la respuesta es un "No" rotundo.
Tiene sentido: la historia
está repleta de episodios brutales de actos de necrofilia y pensar en fornicar
con un cadáver basta para hacer que muchos sientan asco. Sin embargo, como
Valentine y otros se empeñan en demostrar, es posible que haya otro lado en la
historia, donde la necrofilia no es algo que causa temor ni es completamente
ignorado, sino al contrario, es un tema de abre paso a debates enriquecedores y
proporciona un análisis muy valioso de la naturaleza de nuestras actitudes
culturales hacia el sexo, el amor, la vida y la muerte

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